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De Borges a López Merino, el ARA San Juan y un nuevo aniversario

La Plata, 19 de Noviembre... el recuerdo o el olvido
De Borges a López Merino, el ARA San Juan y un nuevo aniversario

He tratado de escribir sobre las sensaciones que me produce este nuevo Aniversario de la ciudad. No hay festejos. Estamos de duelo por las víctimas del ARA San Juan. Se han confirmado sus muertes, justo a un año desde la desaparición de los marinos en las impiadosas aguas del Atlántico.

La ciudad en este nuevo aniversario amaneció con un día apacible bañada por un sol constante, y con una brisa tenue que recorre toda su geografía. Mi pensamiento me llevó a mirar desde las alturas, como en un vuelo aéreo las imágenes  de La Plata, el centro, sus barrios, sus suburbios, sus barrios residenciales, los estadios de fútbol, las facultades, y sus amplias plazas, entre otras bellezas.

La imagen que me devolvieron esos lugares me llevaron a pensar  en todo lo que nos falta para cumplir el dorado sueño de quienes pensaron esta ciudad. Encontré cierto abandono y descuido en sus calles, veredas, y edificios, la ciudad no está bien, han desaparecido la mitad de las especies arbóreas que le dieron brillo en épocas no muy lejanas, ha crecido sin planificación acertada, un tránsito caótico y otros males reflejan cierta decadencia en la clase dirigente en todos los niveles. Demasiado olvido y desaciertos, para tan grande ciudad.

Tal vez por ello, acuden a mi mente, todos aquellos grandes hombres que dio La Plata a la humanidad, no sólo los que nacieron entre tilos y diagonales, sino, los que llegaron y se quedaron para siempre atraídos por su condición de capital de la provincia más grande de Argentina,  y asimismo la gran influencia de la universidad, foro de conocimiento y sabiduría.

Aparecen desde ya, nombres como René Favaloro, Ernesto Sábato, el gran Almafuerte, el nobel Saavedra Lamas, Alejandro Korn, Carlos Spegazzini, Florentino Ameghino, Juan Vucetich, Francisco López Merino y tantos otros que nombrarlos a todos en esta crónica sería imposible.

Este último, López Merino, poeta excepcional, autor de versos incomparables y admirado por muchos de su generación, que se quitara la vida con un arma de fuego, en mayo de 1928 con 23 años, inspiró a Jorge Luis Borges, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, se refiriera a La Plata en sentidos versos dedicado a su amigo muerto.

El poema llamado Mayo 20, 1928, lo compartimos con nuestro lectores de Ser Platense, en un intento de refugiarnos en la poesía, recordando aquella triste muerte, también honrando estas injustas muertes más recientes, apelando al  buen uso de la palabra que quizás nos rescaten de esta pronunciada pendiente que hoy sufrimos.

Por nuestra historia, por lo que tenemos, por lo que nos falta, y por nuestro futuro.

¡FELIZ 136° ANIVERSARIO CIUDAD DE LA PLATA!

 

Mayo 20, 1928

Ahora es invulnerable como los dioses.

Nada en la tierra puede herirlo, ni el desamor de una mujer, ni la tisis, ni las ansiedades del verso, ni esa cosa blanca, la luna, que ya no tiene que fijar en palabras.

Camina lentamente bajo los tilos; mira las balaustradas y las puertas, no para recordarlas.

Ya sabe cuántas noches y cuántas mañanas le faltan.

Su voluntad le ha impuesto una disciplina precisa. Hará determinados actos,

cruzará previstas esquinas, tocará un árbol o una reja, para que el porvenir

sea tan irrevocable como el pasado.

Obra de esa manera para que el hecho que desea y que teme no sea otra cosa que el término final de una serie.

Camina por la calle 49; piensa que nunca atravesará tal o cual zaguán lateral.

Sin que lo sospecharan, se ha despedido ya de muchos amigos.

Piensa lo que nunca sabrá, si el día siguiente será un día de lluvia.

Se cruza con un conocido y le hace una broma. Sabe que este episodio será, durante algún tiempo, una anécdota.

Ahora es invulnerable como los muertos.

En la hora fijada, subirá por unos escalones de mármol. (Esto perdurará en la memoria de otros.)

Bajará al lavatorio; en el piso ajedrezado el agua borrará muy pronto la sangre.

El espejo lo aguarda.

Se alisará el pelo, se ajustará el nudo de la corbata (siempre fue un poco dandy, como cuadra a un joven poeta)

y tratará de imaginar que el otro, el del

cristal, ejecuta los actos y que él, su doble, los repite. La mano no le

temblará cuando ocurra el último. Dócilmente, mágicamente, ya habrá

apoyado el arma contra la sien.

Así, lo creo, sucedieron las cosas.

 

Jorge Luis Borges

 

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